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La recordancia (y las cositas que la ayudan a sobrevivir). Creo que siempre he sido – o fui – muy dramas y sentimientos y pasiones e intensidades (y hippieces, jaja). Los mejores momentos de las relaciones que he vivido han sido los principios, me gustan los principios, mucho muchísimo. Los enmedios están chistosos y los últimos ya como que no tanto: esos siempre se me olvidan (bueno, menos lo que no quiero que se me olviden, jaja). Antes creía hacia adelante, ahora me gusta lo de hoy (es la onda, como-se-dice). Los ayeres luego juegan con mi cabeza – porque nomás se dejan venir los padres ayeres, cosa que no está nada mal – pero luego me acuerdo de los no más padres ayeres y decido que ahí en los ayeres se deben quedar, jajaja. Así es que este post no habla de ayeres porque los ayeres allá se quedaron, pero hablo de mis hoys (que, maldita la maldición, se vuelven en ayeres inmediatos). La inmediatez de los momentos está bien padre y la disfruto. Hoy estoy feliz, ¿y tú?.

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