Hubo una breve etapa de mi vida en la que me movía en transporte escolar – creo que era una combi. La señora que pasaba por nosotros y nos regresaba a nuestras casonas nos regalaba estampitas. Me acuerdo que tenía la bellísima costumbre de expresión artística de llegar a pegarlas – no en mi lonchera, ni en mis cuadernos, ni en mi mochila, ni nada así – en la puerta de la cocina (de madera y de esas que rechinan cui cui), situación que seguramente le encantaba a la jefa. Obviamente, dada mi estatura (que de por sí ahora no es así como que enorme) en el kínder o preprimaria (o por ahí) la puerta estaba bellamente decorada con estampitas en filita india con nada de simetría, jaja. Me acuerdo mucho de una de una tortuguita que se parecía mucho a esta (como más caricaturizada, pero así era la ondita).

Cuando tuve mi clase abierta de prepri la jefa fue a verme. Por el video (beta, jaja) me doy cuenta de que se moría de un dolor de cabeza impresionante y aun así se chutó a todos los escuincles leyendo cosas en inglés, cantando y madres así. Cuando me preguntaron cómo se llamaba mi mamá, lo único que pasó por mi cabeza fue “mami”. Maldita la maldición, a los 5 años no me sabía el nombre de mi jefa. Sacrosanta solución: llegué y lo tatué (porque no fue pintado, fue rayadooote) de por vida en la puerta de mi clóset, completititito (a la misma simétrica altura que la de la cocina, ja). Cuando la jefa me preguntaba su nombre, corría a mi cuarto a verlo y regresaba a decírselo (creo, eso de la memoria no es mi fuerte, pero era más o menos algo así).

Ahora pensaba que antes todo era así nomás, fácil y lindo (con sus momentos angustiantes también) y a veces se nos olvida que todo puede ser así, flúido (así, con acento en la u). Está padre vivir los momentos, no debrayar y disfrutar de la espontaneidad, sin echarle tanto coco a las cosas. Últimamente la he gozado padre. Las cosas de a-de-veras sólo son así, sin limitaciones ni condiciones. Eso de los givers es la onda, aunque siempre tiene que existir una contraparte taker. Ahora intento ya no cuestionar, sino escuchar, ver, percibir, tratar de sacar lo chido y lo no tanto, tomar lo que se-me-antoje y dejar ser. La vida sigue fluyendo, aunque nosotros no lo hagamos, y puede llegar el día en el que ni siquiera nos acordemos de nuestro cumpleaños (wow! De niños los cumples eran la pura ondita ¿no? – creo que era por los regalitos, jaja)

Ninguna de las dos puertas existe ya, después de unos años la jefa decidió que era momento de dejar esas expresiones artísticas fuera (y hacer que la canija casita se viera más bonita, jaja).

¿Qué por qué me acordé de todo esto? No tengo la más remota idea, pero esa tortuguita estaba poca madre, jaja!

 

La buena vibra, sin cuestionamientos ni condiciones, asi nomás.