Cuando era niño vivía en una vecindad en la Guerrero. Su mamá les compraba ropa varias tallas más grandes para que les durara años (de hecho, ya de adulto, le quedaba su short del uniforme de deportes de la secundaria). Un mecate a veces lacía de cinturón (qué buena foto). En la esquina había un local que tenía una rockola adentro (desas de a devis, de las de antes). Él corría a poner una canción y a cantársela a su mamá desde la esquina; LA canción. Ella obviamente no lo escuchaba, pero sabía que lo estaba haciendo y sonreía. Horas antes de morir, cuando decidió desconectarse del mundo y pasar sus últimos momentos sólo estando (y observando y escuchando, estoy segura), él llegó y se sentó frente a ella y le cantó. Ella, por un breve instante, decidió regresar al mundo y voltear a verlo directamente a los ojos, sus ojos (ella) estaban llenos de lágrimas que no querían salir. Hoy él se desconecta del mundo a ratos; ella ya no está.

A vivir la vida y a guardar recuerdos. Lindas historias unas, no tan lindas historias otras. Historias al fin y al cabo, polaroids musicalizadas. Soy fan.

La buena vibra, click!, a la polaroid

…llena de música