Todo lo que puede pasar en una tarde en la que el universo conspiró para que no trabajara. Empezando porque me escapé del trabajo a las 4 de la tarde con el pretexto de sentarme a trabajar cómodamente en jeans y tennis en algún otro lugar de esta soleada ciudad (estaba soleada – o de menos eso quería creer). Terminé comiendo un Vips donde no hay malditas conexiones, ni de dos ni de tres hoyitos. Me topé con un par de viejas amigas (no mías, ahí nomás de metiche) hablando de lo flacas que estaban y del error de casarse con quien se casaron sólo por haber andado con él 6 años (una dellas decía: “si me preguntaras ahorita, no me casaría con él” – claro, ya está divorciada). De ahí al Starbucks para quesque ora sí ponerme a trabajar. Sí había conexión, pero sólo de dos hoyitos (maldita la maldición, mi chomps es tan vieja que necesita tres…). Así es que caminé como stalker entre las mesas y la gente fresa (que, por cierto, no usaba los hoyitos de las paredes porque ni chompu traían) sólo se sentaba horas a dizque platicar y tomar cálidas bebidas starbucks(jeloo-ou). Al de enfrente! Ahí me topé con el Esperpento, quieeeeen, por cierto, también estaba como vaca (bueno no), pero estaba enfermo y tuvo que limitarse a tomar una fresqui agüita Perrier (Waaaakala!) y no pudo probar su añorado Orange Mocca Frapuccino (y dice que es rockero). Finalmente encontré los tres añorados hoyitos en la pared, pero ya era demasiado tarde (de hecho no, el universo siguió conspirando y no me dejó conectarme a la red de mi chamba). Así es que ni modo, taaaal vez mañana el universo quiera que trabaje; y si no, pues uno no puede resistirse.

 

En fin, felices vacaciones (también para los que trabajan mañana – yo no!)

y la pura buena vibra findesemanal.

 

Ps, ya me siento como becerro, mooo.