Porque hay días que uno nomás no entiende cómo todo puede volverse tan accidentado. Situaciones imprevistas, llamadas no planeadas, tacones rotos (qué complicación es eso de caminar con tacones – ora imagínense con el tacón roto), comidas-compromiso, bancos que no dan servicio (dinero atrapado en un pedacito de plástico rectangular), un chorro de chamba y ni un solo abrazo atravesado a medio día a veces me hacen pensar que son atentados contra mi buena vibra. Yo no soy la buena vibra, sólo la predico, y ni un día de hacer pierna (por andar caminando de puntitas) entre tanto accidente podrá acabar con ella. En días como hoy es cuando más fuerte grito:

 

¡LA BUENA VIBRA DE LA CANIJA PARA TODOS!