Una vez caminaba entre los pasillos y las islas del Fondo de Cultura Económica Rosario Castellanos (Bella Época). Desos días que no iba con la intención de comprar nada pero veía todo. Vi un librito que alguien había abandonado –se veía como desos que parecen huérfanos- lo abrí y me encontré con muchas ilustraciones poco comunes. Lo compré. Cursiagridulce es de Fernando Llanos. No se por qué pero mi vida está llena de coincidencias constantes. Aquella vez, llegué a mi casa y lo observé con atención y a detalle – me encontré con alguien conocido en los créditos- y esta noche, que pensaba en qué postear, lo volví a encontrar, huérfano entre mi mar de libros y recordé a la rinoceronta. Este post va dedicado a todos aquellos rinocerontes y rinocerontas que no quieren ver (…porque me cae que en este mundo a veces hace falta taaaanto corazón)


“los lentes de una rinoceronta que no puede (o quiere) ver todo el amor con el que le rodeo”

 

 

La buena vibra (agridulce)