Hace un par de días hablaba de lo extraño que me es que algunos zapatos me parezcan “lindos”, todo como resultado de mi nuevo par de zapatitos cuquis adhoc con el nuevo trabajo, cortesía de la jefa. ¿Que nunca voy a aprender a comprar zapatos cuquis? Digo, las chanclitas son la onda, mientras te quede y la cosita de entre los dedos no sean de un material lastimoso, ya la hiciste. Con los zapatitos cuquis todo es diferente. Primer día de uso, todo perfecto, te quedan excelente, se ven bien, te medio haces amigo de los tacones; peeero, de que deciden rebelarse, lo haceeen. Gran herida en mi pie izquierdo, curita y toda la cosa fue necesario, caminadito no recargado para no hacerla más grande. Qué cosa! ¿A quién se le ocurrió que los tacones son de buen gusto y elegantes y que debíamos usarlos? Castigo divino. Afortunados ustedes que no tienen que usarlos. Supongo que es uno más de los llamados “sacrificios” de la belleza femenina. Baaaah! Arriba la comodidad y el hippiosismo chancludo!