La tarde del día de ayer caminaba por las calles del centro y en un cruce nos topamos con Juvencio “Rubén” Banda (y lo entrecomillo porque a pesar de que su nombre sea Juvencio, todos lo conocen como Rubén). Después de pasar a su lado, simplemente tuve que regresar a tomarle una foto y preguntarle por qué estaba ahí, haciendo lo que hacía:

 

Así de simple, camina por las calles del centro y se para en los cruces mostrando este letrero a la gente y sonriéndoles. Es imposible no regresarle el gesto (los reto). Lo llama terapia de la sonrisa. Después de escuchar su historia (periódicos en el extranjero, reporteros, nuevas ideas, su próximo viaje a Nueva York), leer las cartas que le envió a Calderón y a Ebrard pidiéndoles como buen ciudadano que se hablaran y que le echaran ganas al país y firmando como alguien que ama a su patria y escuchar la emoción que le causa esta actividad, comprendí que la terapia real es para él: se nota a leguas lo mucho que lo llena hacerlo; la terapia funciona tantísimo para él. ¿Por qué a veces nos cuesta tanto trabajo sonreir y nos es tan fácil tener cara de citadino amargado? Vayan a conocerlo, lo encontrarán en alguna esquina de Madero siempre con algo nuevo para toda la gente que pase.

 

 

Y ahora sí muchachos, ¡a sonreir!